PARTE 2
—Yo… yo supervisé ese proyecto —respondió Genaro, recomponiéndose rápidamente—. Natalia formó parte del equipo de análisis bajo mi dirección.
Beatriz lo miró con una expresión difícil de descifrar, ni hostil ni amable, simplemente evaluadora.
—Interesante —dijo—. Porque en la documentación que revisé, cada entregable, cada correo de seguimiento con los proveedores y cada iteración del modelo de rutas está firmado únicamente por Natalia Ibarra. Su nombre no aparece en un solo documento técnico, señor…
—Bustamante. Genaro Bustamante —completó él, con la voz notablemente menos segura que segundos antes.
—Señor Bustamante —continuó Beatriz—, acabo de escucharlo decir que la señorita Ibarra «no tiene el perfil para crecer hacia posiciones directivas». Me gustaría entender en qué se basa esa afirmación, considerando que es, según lo que acabo de revisar, la responsable directa del proyecto más rentable de esta división en los últimos tres años.
El silencio en la sala se volvió absoluto. Varios gerentes que segundos antes asentían junto a Genaro, ahora evitaban cualquier contacto visual con él.
Genaro intentó recomponerse.
—Es una excelente analista, sin duda, pero el liderazgo requiere ciertas habilidades de gestión de equipo que—
—Señor Bustamante —lo interrumpió Beatriz, esta vez con un tono más firme—, voy a ser directa. Llevo treinta años en esta industria, y he aprendido a reconocer cuándo un gerente está protegiendo su posición a costa del talento de alguien más. Lo que acabo de presenciar en los últimos cinco minutos es exactamente eso.
Se giró hacia mí, con una expresión que finalmente se suavizó.
—Natalia, ¿cierto?
—Sí, señora —respondí, todavía procesando lo que estaba pasando.
—Me gustaría revisar contigo, personalmente, los últimos tres proyectos que lideraste. Mañana a primera hora, en mi oficina temporal, piso doce.