PARTE 2
Respiré profundo antes de responder.
—No, Daniel. No era yo. Era mi hermana gemela, Renata. Anoche tuve una migraña muy fuerte, le pedí que te avisara para posponer la cita, y en vez de eso, decidió ir ella, haciéndose pasar por mí. Me enteré horas después, cuando ya era demasiado tarde para avisarte.
Daniel se quedó en silencio unos segundos, procesando la información.
—Lo sospeché casi de inmediato —dijo finalmente—. La persona de anoche hablaba distinto, se reía distinto, incluso pidió algo que tú me habías dicho que no te gustaba, en uno de nuestros primeros mensajes.
—¿Qué hizo exactamente? —pregunté, con algo de temor.
—Nada grave, no te preocupes —aclaró Daniel, notando mi tensión—. Fue amable, la pasamos bien conversando, pero sentí, durante toda la noche, que hablaba con alguien que fingía conocerme, en vez de alguien que realmente lo hacía. Por eso te pregunté hoy directamente.
Sentí un alivio mezclado con vergüenza.
—Lamento mucho lo que pasó, Daniel. Mi hermana pensó que me estaba ayudando, que yo «no sabía conquistar a nadie» con mi forma de ser, más callada, más directa en lo que digo. Pero no fue su decisión tomar mi lugar sin decírmelo.
Daniel sonrió, por primera vez desde que me había sentado.
—Antonia, la razón por la que quise seguir hablando contigo estas semanas, es exactamente por cómo eres en los mensajes: honesta, sin necesidad de exagerar nada para impresionarme. Anoche, aunque fue agradable, no sentí esa misma conexión. Y ahora entiendo por qué.