PARTE 2
Me quedé mirándolo unos segundos, procesando la escena: el mismo hombre que seis meses atrás no había podido decirme en persona que ya no quería casarse conmigo, ahora parado frente a mi negocio, con flores, como si nada hubiera pasado.
—¿Qué haces aquí, Tomás?
—Escuché que tenías un estudio nuevo, que te estaba yendo increíble —dijo, todavía con esa sonrisa que alguna vez me había parecido encantadora—. Quería felicitarte. Y, sinceramente, quería hablar contigo. Las cosas con Renata no funcionaron como esperaba.
Sentí una mezcla extraña de emociones: no dolor, como hubiera esperado meses atrás, sino algo parecido a la incredulidad.
—¿Viniste a decirme que tu relación con la persona «más interesante» no funcionó, después de cancelar nuestra boda por mensaje de texto?
Tomás bajó la mirada, incómodo.
—Sé que fue una forma terrible de terminar las cosas. Debí haberlo hecho diferente, hablar contigo en persona. Pero, Camila, viéndote ahora, con todo esto que construiste… creo que cometí un error enorme.
Detrás de mí, escuché la voz de mi asistente, Renée, llamándome desde el interior del estudio.
—Camila, el cliente del hotel boutique está en la línea, dice que quiere confirmar la reunión de mañana para la propuesta final.
—Ya voy —respondí, sin apartar la vista de Tomás.
Él observó el movimiento detrás de mí, el ajetreo de un negocio en pleno crecimiento, los planos extendidos sobre la mesa de trabajo que alcanzaba a ver desde la puerta.
—Camila, ¿podríamos tomar un café? Solo para hablar, ver si hay alguna posibilidad de—
—Tomás —lo interrumpí, con una calma que a mí misma me sorprendió—, hace seis meses necesitaba desesperadamente escuchar de tu boca por qué decidiste terminar todo de esa forma. Hoy, honestamente, ya no necesito esa respuesta.