MI SUEGRA LE DIJO A TODOS EN EL HOSPITAL QUE YO NO ERA «FAMILIA DE VERDAD» Y NO PODÍA VER A MI HIJO RECIÉN NACIDO, PERO NO SABÍA QUE EL DOCTOR QUE ENTRÓ DESPUÉS ERA MI PADRE

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PARTE 3

Fernanda estaba despierta cuando entré, con Mateo dormido en sus brazos. En cuanto me vio, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Diego, ¿dónde estabas? Le pregunté a mi mamá tres veces y me dijo que estabas resolviendo unos papeles del seguro.

Sentí que algo se rompía por dentro. Regina no solo me había mantenido afuera; le había mentido a su propia hija sobre dónde estaba yo.

—Tu mamá le dijo a la enfermera que yo no podía pasar —respondí, sentándome a su lado, tomando la manito diminuta de mi hijo por primera vez—. Estuve ahí afuera todo este tiempo, Fer. Doce horas.

Fernanda cerró los ojos, y una lágrima resbaló hasta la almohada.

—Lo siento tanto, Diego. No tenía idea.

Mi padre, que se había quedado parado en la puerta supervisando la situación, intervino con suavidad.

—Fernanda, hija, no es tu culpa. Pero alguien en esta familia necesita entender que un hospital no es lugar para jugar ese tipo de juegos.

Regina apareció en la puerta minutos después, con los ojos hinchados, buscando entrar.

Fernanda, todavía con Mateo en brazos, levantó la vista hacia su madre.

—Mamá, necesito que salgas un momento. Necesito hablar con Diego a solas.

Fue la primera vez en ocho años que escuché a Fernanda ponerle un límite claro a su madre.

Regina abrió la boca para protestar, pero mi padre, todavía de pie junto a la puerta con su bata blanca y su expresión inquebrantable, simplemente la sostuvo abierta, esperando.

Regina salió sin decir una palabra más.

Esa noche, mientras Mateo dormía entre los dos, Fernanda apoyó la cabeza en mi hombro.

—Vamos a poner reglas nuevas, Diego. Empezando por esta: mi mamá no vuelve a decidir quién entra y quién no a la vida de nuestro hijo.

Afuera, en el pasillo, mi padre firmaba el alta de otro paciente, como si nada extraordinario hubiera pasado esa madrugada.

Para él, había sido un día más de trabajo.

Para mí, había sido el día en que por fin alguien puso a Regina en su lugar.