FINAL
Daniela se quedó sin palabras, mirando entre la factura y el rostro de Óscar, que la observaba con una mezcla de sorpresa y decepción.
—Iba a reponerlo —dijo finalmente, con un hilo de voz—. Pensé que nadie se daría cuenta con todos los gastos de la boda mezclados.
Mi madre se llevó una mano al pecho.
—Daniela, ¿acusaste a tu hermana de robar, sabiendo que fuiste tú?
—Tenía miedo de que se enojaran conmigo —respondió, ya llorando—. Valeria siempre resuelve todo, pensé que si decía que había sido ella, ustedes no se molestarían tanto.
Mi padre dejó la carpeta sobre la mesa, con una expresión que no le había visto en años: decepción pura.
—Tu hermana puso dinero de su propio bolsillo dos veces para que tu boda saliera perfecta, y tú la acusaste frente a toda la familia para cubrir un gasto tuyo. Eso no es miedo, Daniela. Eso es cobardía.
Óscar se puso de pie, todavía procesando lo que acababa de escuchar.
—Necesito un momento a solas contigo —le dijo a Daniela, con voz seria, antes de salir al patio.
Esa noche, mi padre me pidió disculpas, algo que no esperaba.
—Debí pedirte pruebas antes de sentarte aquí a defenderte, hija. No debiste tener que hacerlo.
—Está bien, papá —respondí—. Por suerte, siempre guardo todo.
La boda se celebró dos semanas después, un poco más sencilla de lo planeado originalmente, porque Daniela insistió en devolver personalmente el dinero de la despedida de soltero antes de la fecha.
Ese día, mientras la ayudaba a ajustarse el vestido antes de la ceremonia, me miró por el espejo.
—Gracias por no exponerme frente a todos ese día. Solo se lo mostraste a la familia.
—No lo hice por protegerte a ti, Daniela —respondí, terminando de acomodar el velo—. Lo hice porque yo no había hecho nada malo, y necesitaba que quedara claro. Lo que tú hagas con esa segunda oportunidad, ya depende de ti.