PARTE 2
El silencio en el consultorio se sintió eterno.
—Perdón, doctor, ¿podría repetir eso? —preguntó Emilio, inclinándose hacia adelante en su silla.
—Con gusto —respondió el doctor Alarcón, revisando la carpeta—. Los estudios de Paulina muestran una salud reproductiva completamente normal. No hay ningún factor, hormonal, estructural ni genético, que indique dificultad para concebir de su parte.
Georgina, pálida, intentó intervenir.
—Eso no puede ser, doctor. Llevan dos años intentando sin ningún resultado, debe haber algo—
—Precisamente por eso pedimos evaluar también al hombre, señora —continuó el doctor, dirigiéndose ahora a Emilio—. Y en tu caso, Emilio, los resultados muestran un conteo de espermatozoides considerablemente por debajo de los rangos normales, además de baja movilidad. Es un factor de infertilidad masculina, tratable en la mayoría de los casos, pero real.
Emilio se quedó completamente inmóvil, procesando la información.
—Entonces… ¿el problema nunca fue Paulina?
—No, en absoluto —confirmó el doctor—. De hecho, sus estudios son excelentes. El diagnóstico apunta directamente hacia un factor masculino, que podemos empezar a tratar con relativa efectividad.
Miré a Georgina, quien durante dos años me había hecho sentir como si mi cuerpo hubiera fallado, como si yo fuera menos mujer, menos completa, menos digna del amor de su hijo.
Ella, por primera vez desde que la conocía, no tuvo ninguna palabra lista.