FINAL
Dudé un instante, pero finalmente asentí, indicándole a mi asistente que cerrara la puerta al salir.
—Nunca imaginé encontrarte así —dijo Mateo, una vez a solas—. Directora de evaluación de inversiones. Ximena, esto es… impresionante.
—Han pasado cinco años, Mateo. La gente construye vidas enteras en ese tiempo.
—Lo sé, lo sé —respondió, pasándose una mano por el cabello, un gesto que recordaba perfectamente de nuestra relación—. Solo… nunca dejé de preguntarme cómo te había ido. Después de que terminamos, me di cuenta muy rápido de que cometí un error enorme.
Sentí una calma extraña, muy distinta a como hubiera reaccionado años atrás ante esas palabras.
—Mateo, aprecio que lo digas, pero necesito ser clara sobre algo: esta reunión fue profesional, y necesita seguir siéndolo. Si tu propuesta de inversión cumple con los estándares que exigimos, evaluaremos avanzar. Si no, la rechazaremos, exactamente igual que con cualquier otro inversionista.
—¿No sientes curiosidad de saber qué hubiera pasado si no te hubiera dejado ir? —preguntó, con una vulnerabilidad que, cinco años atrás, probablemente me habría desarmado por completo.
Lo miré, tomándome un momento antes de responder.
—Sinceramente, no. Pasé los primeros meses después de nuestra ruptura preguntándome exactamente eso. Pero en algún punto, dejé de necesitar esa respuesta, porque estaba demasiado ocupada construyendo la vida que finalmente sí quería tener, con o sin ti en ella.
Mateo asintió lentamente, con una expresión que mezclaba respeto y algo parecido al arrepentimiento genuino.
—Espero que la propuesta pueda avanzar, con base en sus méritos —dijo finalmente, recuperando el tono profesional.
—Eso depende completamente de los números, Mateo. No de nuestra historia.
Dos semanas después, tras recibir el respaldo financiero completo que había solicitado, mi equipo aprobó una versión ajustada de la inversión, con términos que protegían adecuadamente a la empresa.
Fue, sin duda, la negociación más extraña de mi carrera. Pero también la que más claramente me confirmó cuánto había cambiado en cinco años: la misma persona que una vez me dejó «porque necesitaba espacio», ahora necesitaba mi aprobación profesional para avanzar con su propio proyecto.
Y esta vez, la decisión estaba completamente en mis manos.